Una vez más este primero de Mayo, el mundo entero tomará la calle para conmemorar y reivindicar el día internacional de la clase trabajadora. Es la fecha en la que cinco obreros fueron injustamente asesinados por su participación en la lucha por la jornada de las ocho horas en Chicago, en 1886. Ciento veinte años de luchas y reivindicaciones, de avances y retrocesos.
En muchos lugares de este mundo las manifestaciones serán reprimidas, en otros serán un mero montaje del sindicalismo institucional.
En 2006 queda mucho por andar: bajo los lemas de competitividad y productividad se sigue escondiendo la salvaje explotación capitalista (por mucho que se quieran disfrazar los nombres y los vocabularios), la explotación campa a sus anchas en este primer mundo, en el segundo, en el tercero… La célebre globalización trae también consigo la internacionalización de la miseria.
La subcontratación, las ETT's, la temporalidad, etc. Demuestran que los explotadores saben dotarse, con el transcurso del tiempo, de las herramientas para seguir exprimiendo al proletariado, palabra en desuso cambiada en este primer mundo por las de profesionales, técnicos, managers, cualificados... Todo menos proletarios y obreros.
Las multinacionales mandan en los gobiernos y someten a países enteros a sus directivas. En España, sin ir más lejos, tenemos el reciente caso de SEAT con los despidos pactados ante un sindicalismo claudicante. Multinacionales que reciben dinero público para mantener su producción… y sus enormes beneficios. La última “gota que rebosa el vaso” la pone la Volkswagen en su planta Iruñesa, que se permite decir la dirección de la empresa cuándo hay que firmar el convenio y en qué condiciones, y si no, pues eso, lo que han hecho, deslocalizamos la producción y a la ¡puta calle!
No faltan luchas reivindicativas en la vieja Europa que dejan un dulce sabor de que “es posible”, como recientemente se ha demostrado en Francia, con la legítima usanza de la huelga, la movilización en la calle y la coherencia en los planteamientos. Se puede obligar a claudicar leyes contra los intereses de la clase obrera, leyes que en España se aplican desde los tristes y famosos “Pactos de la Moncloa”.
Y en Europa no podemos olvidarnos de la directiva Bolkenstein, que pretende mercantilizar, aún más si cabe, los servicios públicos.
Dulce sabor nos sigue dejando la lucha de miles de trabajadores argentinos, que han ocupado sus centros de producción, que los gestionan, los trabajan y comparten con su entorno. Demuestran día a día que otra formas y métodos son posibles.
También hay lugares de este mundo donde no hay trabajador@s y solo existen los “muertos del hambre”, los que intentan llegar en pateras o saltando muros, vallas y fronteras, buscando la posibilidad de comer, de subsistir. Vienen a nuestras sociedades, tan democráticas, tan solidarias, que les recibe con el maltrato, la expulsión o la doble explotación como obrero y extranjero a la vez.
El hambre y la miseria de una gran parte de este mundo es una injusticia producida por la EXPLOTACIÓN CAPITALISTA, no hay más palabras.
Hay que repartir el trabajo y la riqueza , conseguir una producción sostenible con nuestro entorno, romper la locura consumista…
En 2006 queda mucho por andar, por luchar y hoy como ayer, los cambios están en nuestras manos.
LQS G@lileo. Mayo 2006
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Autor: mariela
Fecha: 16/11/2006 21:16.
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